Blog do Prof. FABIO: ESPAÑOL - PORTUGUÉS


24.06.2009


En Español                 EL PODER DE LA FE

"La fe es la sustancia de las cosas que se esperan y la demostración de las cosas que no se ven..." , definición del apóstol Pablo.

Le es la palanca que mueve al mundo; es el poder invisible que mueve a los corazones; es el poderoso instrumento que nos acerca a lo difino.

Todo ser humano lleva dentro de sí la simiente poderosa de la fe. En todo corazón humano late la presencia de un Ser Supremo que le invita cada día a reconocerlo como tal.  Pero muchos hombres prefieren disimular ese llamado innato y continúan viviendo la vida.

Todos sabemos que, en base a la fe, se han fundado en el mundo miles de religiones. Y todas ellas reconocen a ese Ser Supremo y lo constituyen en su dios. Y en las muchas civilizaciones que conocemos todos, y en todos los pueblos y culturas del universo, el hombre ha dedicado sus miradas y sus prácticas religiosas a un dios.

Desde los astros como el sol y la luna hasta los animales como el león o la vaca, han sido venerados y siguen siéndolo en los países y pueblos apartados de la tierra.  Y en nombre de la religión y de esos dioses, se sacrifican a niños y niñas; se ofrecen homenajes y holocaustos colectivos; se efectúan multitudinarias prosesiones que duran días y días; se practican flagelaciones y se entregan con gran alegría a una vida de aislamiento, de alejamiento del mundo para dedicarlo a dios.

En mi país hubo una monja de convento, de origen modesto, y sumamente devota.  Dentro del convento y de su celda individual, se sometía a torturas y tormentos para purificar su alma y llegar en plenitud de vida más cerca a Dios.  Y llegó al extremo ese delirio de dios, que un día cualquier de su vida, colocó una cadena muy estrecha en su cuerpo, le puso un candado y la llave del candado la arrojó a un pozo profundo que hay en ese convento de Lima. Ella iba muriendo lentamente por inanición y elevando su alma a dios.  La iglesia la consagró como la santa de Lima:  SANTA ROSA DE LIMA.

EL CRISTIANISMO Y LA FE. Todos sabemos que el Cristianismo es la religión más difundida en el mundo, pero sus seguidores no son tantos como los del Budismo, el Shintoismo, el Islamismo.

Tan sólo en la China existen más de un billón, cuatrocientos millones de habitantes, cuya religión no es el Cristianismo. Inclusive, se persigue a los cristianos y la lectura de la Biblia está restringida a solamente los grupos o comunidades cristianos.  La predicación de pastores y misioneros en público está prohibida. En escuelas y colegios, no se habla nunca de Jesucristo como fundador de una relgión y menos, como hijo de Dios o como Salvador del mundo. Es una verdadera herejía y es un atentado contra la religión oficial. Hay una persecusión, real o disimulada, contra los cristianos. Algo como sucedía entre los romanos. La persecusión era oficial y la presidía el emperador.  Es muy recordada la figura de un fiero y degenerado emperador que se solazaba con entregar públicamente a los cristianos, en el coliseo romano, a las garras y fauces de leones hambrientos: era NERÓN.

Yo estuve hace algunos años pisando la misma arena, en el centro de aquel teatro grotesco y sanguinario que la historia nos relata.  Es imponente aún esa inmensa construcción de cuatro pisos de altura y de gran capacidad para albergar enormes concentraciones de personas.  Y vi de cerca al escenario, los corredores y los corrales en donde se realizaban aquellos crueles espectáculos de persecución a los cristianos.  Y mientras el pueblo y sus gobernantes se gozaban con este espectáculo bárbaro y sangriento, los humildes y fieles cristianos, se entregaban indefensos a las fieras hambrientas, mientras en sus labios llenos de fe, elevaban una oración a Dios.

Yo lloré por unos instantes y mis lágrimas tal vez cayeron, sobre el polvo de aquel teatro de bárbaros y sanguinarios, cegados por el fanatismo, la intolerancia y la barbarie, que en nombre de sus respectivos dioses, sacrificaban a sus enemigos de fe.

!Ah, cuántos crímenes se han cometido en el mundo, a nombre de la religión y de la fe  en un dios cualquiera! "Cuánta intolerancia ha existido y existe en el mundo a nombre de un ser supremo! Y el Cristianismo no está excento de esos crímenes y de esa intolerancia que todos condenamos.

El poder de la FE mueve montañas,pero también comete crímenes sin nobre.  Cuando Cristo anduvo sobre la tierra, habló mucho de la fe, hizo milagros en base a la fe de los enfermos, de los endemoniados, de los que venían a Él para que los sanara.  El endemoniado gadareno, la mujer que tenía flujo de sangre permanente, el leproso , el ciego y el paralítico; todos fueron curados por la fe que tuvieron en su palabra y en su poder divino.

En el siglo pasado se mantuvo la convicción de que la Ciencia y la Fe caminaban separados y hasta se consideraban antagónicos.  Con el avance científico y tecnológico de nuestros días hay muestras evidentes de que ese antagonismo está desapareciendo paulatinamente en nuestro mundo occidental.

Sobre todo, la Medicina, la Psicología, la Psiquiatría y demás ciencias afines, reconocen hoy que existe una relación estrecha entre ciencia y religión, entre fé y tratamiento de dolencias y enfermedades humanas. Las ciencias que tratan al hombre son conscientes que, si bien hay que tratar al organismo físico, también hay que tratar a los otros elementos de la estructura del ser humano: la mente y el espíritu.

El factor espiritual es considerado como un elemento concomitante para la salud completa del hombre. "No sólo de pan vive el hombre, sino también sino tambien de la Palabra de Dios", dijo Cristo. Y como médico divino sabía perfectamente que el hombre vacío por dentro, carente de Dios en su vida, podría tener muchos éxitos materiales, pero no tener la paz y la felicidad que todos buscamos.

Su figura destellante de bondad y de suprema fe en su Padre, hizo que el mundo se iluminara con su doctrina de fe y con su sacrificio cruento en el Getsemaní bíblico. Y pidió a sus seguidores, a los cristianos fieles del mundo, que aumentasen cada día su fe en el poder y en la gracia que ofreció a los hombres de todos los tiempos.

"Si tuvieseis fe - les dijo a sus discípulos, como un grano de mostaza, podrías decir a esta montaña, trasladaos al fondo del mar, y así sucedería..."  Lo que a muchos nos falta es la fe en la persona y en la inmolación de Cristo en el Calvario, para alcanzar aquello que tanto buscamos y anhelamos; aquello que nuestra alma reclama y pide cada día de nuestra vida.

De CRISTO  hablan minuciosamente los cuatro Evangelios y el apóstol Pablo.  Pero de su verdadera imagen y figura poco se habla en el Nuevo Testamento.  De él vemos repetidamente y en muchos lugares su apariencia humana; pero no sabemos a ciencia cierta si esas imágenes que llegaron hasta nosotros, sean las auténticas versiones de su faz divina y humana.  Muchos autores del pasado han descrito en prosa y en verso, la figura del Salvador. También lo han hecho los grandes genios de la pintura, de la escultura y los orfebres.

Un gran escritor, de gran imaginación y fina pluma, NICÉFORO CALIXTO, he escrito una pieza literaria describiendo a Jesucristo.  Voy  transcribirla para ustedes, amigos.

            RETRATO DEL SALVADOR

"Tenía JesÚs un rostro bellísimo y muy animado; el cabello rubio, no muy áspero y un poco rizado; las cejas negras y ligeramente arqueadas.  Sus ojos de color de aceituna, brillaban con gracia.  Tenía la nariz recta, la barba rubia y medianamente larga; el cabello bastante crecido, pues nunca tocó su cabeza la navaja ni mano de hombre alguno, excepto la de su madre durante la infancia.

Llevaba el cuello algo inclinado, de suerte que su ademán nada tenía de arrogante ni erguido.

Su tez era de color trigueño; la cara, ni redonda ni larga, sino un poco alongada y ligeramente sonrosada, como la de su madre.

La gravedad, la prudencia y la serenidad se hermanaban y resplancecían en su semblante.  En la palabra era del todo, semejante a su madre."

El gran poeta y escritor inglés OSCAR WILDE tiene una hermosa página que habla también de Cristo.

               HACEDOR DEL BIEN

"De noche era y Èl estaba solo.  Y desde lejos divisó las murallas de una enorme ciudad y a ella se acercó.

Y cuando muy cerca de la ciudad estuvo, oyó el jadeo del placer, la carcajada de la alegría y el penetrante son de numerosos laúdes.

Y quedóse mirando a un edificio en mármol construído, con unas bellas columnas  también de mármol en su fachada, y con hermosas guirnaldas en esas columnas.  Y adentro y afuera del edificio ardían teas de cedro.

Y penetró Èl en la casa.

Y luego de haber atravesado el vestíbulo de calcedonia y de jaspe, a la enorme sala del festín llegó.  Y vio allí tendido sobre un lecho de púrpura a un mancebo con los cabellos sonrosados de rojo, y rojos los labios de vino.

Y acercóse a él, en el hombro le tocó y le dijo:

- Por qué llevas esta vida?

Y volviéndose el muchacho, y al reconocerlo contestó:

- Era yo un leproso y me curaste.  Cómo iba yo a llevar otra vida?

Y un poco más lejos vio a una mujer con el rostro cubierto de afeites y un vestido de llamativos colores; una mujer cuyos pies ostentaban un calzado con perlas.

Y detrás de ella marchaba un hombre, con el lento paso de un cazador; un hombre que usaba una capa de dos colores.

Y el rostro de la mujer era hermoso como el de un dios pagano... y centellaban los ojos del hombre, cargados de deseos.

Y le siguió Èl con raudo paso.

Y tocándole con una mano le dijo:

- Por qué sigues a esa mujer y de ese modo la miras?

Y volviéndoe el hombre, y al reconocerle, le contestó:

- Era yo un ciego y la vista me retornaste.  Cómo podría yo mirarla de un modo diferente?

Y siguió Èl avanzando rápidamente, y tocando las ropas chillonas de la mujer, le dijo:

- El del pecado es este camino que sigues.  Por qué seguirlo, entonces?

Y volviéndose la mujer le reconoció.  Y riendo le dijo:

- Todos mis pecados me perdonaste, y agradable es este camino que sigo.

Y Èl sintió, entonces, que su corazón rebosaba tristeza y se alejó de la gran ciudad.

Y cuando de la ciudad salía, vio, sentado al borde de los fosos, a un doncel que, por fin lloraba.

Y a él se acercó, y tocándole los bucles de su cabellera, le dijo:

- Por qué lloras?

Y alzó el joven los ojos para mirarle, y al reconocerlo, respondióle:

- Muerto estaba yo y Tú me resucitaste.  Qué cosa puedo hacer sino llorar?"

LÁGRIMAS DE ORO

Una noche, Jesús, meditabundo,

con sus ojos tan grandes y tan tristes,

entre las sombras,contemplaba al mundo.

La oscuridad en torno se extendía

como una mancha de carbón, y el cielo

un inmenso sudario parecía.

Y al contemplar la ingratitud humana,

más negra que la noche, más oscura

que las mismas tinieblas parecía...

con tristeza, con profundo dolor, con amargura,

inclinó sobre el pecho la cabeza

y lloró..., lloró mucho...

Lentamente Jesús abrió los ojos,

esos ojos tan grandes y tan tristes,

que parecían llorar eternamente...

y al mirar en la bóveda sombría

semejante a un oscuro terciopelo,

se secaron sus lágrimas... !Había

un enjambre de estrellas en el cielo.

Hasta la próx.semana, amigos.

 

           

 

 

 

 

 

 

Escrito por Fabio Soto Caján às 11h06
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