En Español LA CIUDAD MARAVILLOSA II
Hoy vamos a continuar hablando de Brasil y de su ciudad maravillosa. Y sobre todo, vamos a continuar leyendo a STEFAM SWEIG, quien como yo, quedó deslumbrado cuando llegó a esta inmensa tierra de Tiradentes.
Cuando en la primera mañana de diciembre de 1989 alcancé a ver el impresionante panora que tenía a mi vista, desde el barrio Serra de Belo Horizonte, me quedé sin palabras, absorto e invadido por la emoción.
Yo ya había visitado el Brasil anteriormente; pero esta vez era para quedarme a residir en él, junto con mi familia. Era una etapa nueva de mi vida; una aventura llena de inmensas posibilidades. Para ello, tuve que renunciar en Lima a mi condición de Promotor (Fiscal Penal) y de Catedrático Principal de la Facultad de Derecho de la Universidad San Martín. Y junto con mi hijo Ramón, emprendimos rumbo a Brasil, donde nos esperaban mi esposa y mis dos hijas que habían venido con anticipación un año antes.
Algo parecido le sucedió a Stefam Swaig. Lllegó, vio, volvió y se quedó. Se quedó en Río de Janeiro, vivió en Petrópolis y murió en ese pedazo hermoso de Brasil. Es muy probable que también suceda algo semejante conmigo.
Entonces, volvamos con Sweig, y sigamos leyendo sus hermosas descripciones:
"El Brasil llevó el problema racial, que transtorna nuestro mundo europeo, del modo más simple ad absurdam, irnorando sencillamaente su pretendida validez. Mientras en nuestro mundo viejo predomina más que nunca la idea absurda de querer criar hombres "racialmente puros", como caballos de carrera y perros, la nación brasileña descansa desde hace siglo exclusivamente sobre el principio de la mezcla libre y sin trabas, de la igualdad absoluta de negros y blancos, morenos y amarillos.

Alvares Cabral llegando a Río... los naturales
Lo que en otros países sólo está establecido teóricamente en el papel y pergamino, la absoluta igualdad civil tanto en la vida privada como en la vida pública, surte aquí efectos visibles en el espacio real, en la escuela, en los cargos públicos, en las iglesias, en las profesiones, en el ejército, en las cátedras; es cosa encantadora ver los niños que conjugan todos los matices del color de la piel humana - chocolate, leche y café - salir de las escuelas, tomados del brazo, y esa trabazón física tanto como la espiritual, alcanza hasta las capas supremas, las academias y los puestos gubernamentales.
No existen límites de color, divisiones ni estratificaciones, orgullosas, y nada es más característico para la naturalidad de esa nivelaión que la ausencia de toda palabra despectiva en el lenguaje. Mientras entre nosotros, de nación en nación, se inventó una palabra mortificante o burlona como las demás, el Katzelmacher o el boche, el vocabulario brasileño carece absolutamente del correspondiente término denigrante para el nigger o el criollo, pues, quién pudiera, quién quisera enorgullecerse aquí de absoluta pureza racial? ...

Convivencia pacífica entre diversas razas...
DESCRIBE AL BRASILEÑO. La primera sorpresa, que luego se renueva diariamente de un modo bienhechor, la que se recibe apenas se pisa esta tierra, consiste en la forma amable y falta de fanatismo en que los hombres conviven dentro de este espacio enorme. Se respira involuntariamente aliviado por haberse evadido del aire viciado del odio de razas y clases, en esta atmósfera más quieta y más humana. Hay aquí, sin duda, una mayor laxitud en la actitud vital. Bajo el efecto insensiblemente relajador del clima, los hombres desarrolan menos empuje, menos vehemencia, menos dinamismo, vale decir, menos de aquellas condiciones que hoy en día una sobreestimacion trágica pondera como los valores morales de un pueblo; pero los que hemos experimentado en nuestra propia suerte las consecuencias nefastas de esas sobre excitaciones psíquicas, de esta avidez y ese afán de poder, disfrutamos de esta forma más placentera y sosegada de la vida como de un beneficio y de una dicha...
En este sentido... considero al Brasil como uno de los países más ejemplares y, por lo mismo, más dignos de afecto del mundo...
PAÍS PACIFISTA. "Es un país que odia la guerra y aún más: que, puede decirse, la ignora. Escepción hecha del episodio paraguayo insesantemente provocado por un dictador enloquecido, desde hace más de un siglo el Brasil ha resuleto todos sus conflictos de límites con sus vecinos mediante convenios amigables o la apelación a tribunales de arbitraje internacionales.
Su orgullo no lo constituyen generles, ni son ellos sus héroes, sino que considera como tales a los estadistas como Rio Branco, que por obra de la razón y de la conciliación sabían impedir las guerras. Bien redondeado, con la frontera idiomática coincidente con los límites del país, no tiene ningún deseo de conquista, ni alienta tendencias imperialista.
Ningún vecido puede reclamarle nada, ni el Brasil reclama nada a sus vecinos. La paz del mundo jamás ha sido amenazada por su política, y aun en una época incalculable como la nuestra, es imposible imaginarse que jamás se modificará ese principio fundamentel del pensamiento nacional, ese deseo de entendimiento y de conciliación. Porque ese anhelo de conciliación, esa actitud humana, no ha sido el modo de pensar accidental de gobernantes y dirigentes aislados; contituye aquí el producto natural de un carácter popular, de la tolerancia innata del brasileño, que en el trnanscurso de su historia se ha acredita una y otra vez. Es la única nación ibera que nunca conoción sangrientas persecuciones religiosas; nunca ardieron aquí las piras de la Inquisición; en ningún país los esclavos han sido tratados de un modo relativamente más humano. Aun sus convulsiones internas y sus cambios de gobierno se han realizado casi sin derramamiento de sangre. Los dos reyes y el emperador, que su voluntad de independencia empujó del país, lo abandonaron sin ser molestados y, por lo tanto, sin odio. Aun después de revueltas y asonadas abortadas, desde la independencia del Brasil, los dirigentes no las han pagado nunca más con el precio de sus vidas..."

El Brasil del descubrimiento y actual... y Río...
HISTORIA. "Durante miles y miles de años, el inmenso territorio del Brasil, con sus romorosas selvas de un verde oscuro, sus montañas y ríos y su mar, de sonoro y rítmico vaivén, vive ignorado y anónimo. En la tarde del 22 de abril del año de 1500, repentinamente brillan unas velas blancas en el horizonte; acércanse ventrudas carabelas pesadas, con la roja cruz portuguesa pintada en las velas, y en la mañana siguiente, las primeras embarcaciones tocan tierra en la playa extraña.
Se trata de la flota portuguesa que al mando de Pedro Alvares Cabral había zarpado, en marzo de 1.500, de la desembocabura del Tajo para repetir el viaje de Vasco de Gama, celebrado por Camoens en los Lusiadas el feito nunca feito, el viaje a la India, pasando por el cabo de la Beuna Esperanza...
Es verdad que los historiadores, ha tiempo ya, han dejado de mostrarse inclinados a creer en la "casualidad", pues acompañaba a Cabral el piloto Vasco da gama, quien conocía exactamente el camino más corto...
Portugal no tenía interés alguno en dar noticias antes de tiempo de este descubrimiento... Había que asegurarse primero legalmente que ese país nuevo pertenecía a Portugal y no a España, y Portugal se lo había asegurado, con una pre´visión que de llamar la atención, en el convenio de Tordesillas, que, el 7 de junio de 1.494, es decir, poco después del descubrimiento de América, removió la zona pertugues de las cien leguas primitivas a 370 leguas al Oeste de Cabo Verde, es decir, el espacio suficiente como para poder ocupar la costa del Brasil, que a la sazón se decía no descubierta aún. Si ésta ha sido una casualidad, ha sido de tal orden que coincide extrañamente con la desviación, por lo demás poco explicable, de Pedro Alvares Cabral de la ruta ordinaria...
La primera impresión que los marineros desembarcados recibel del nuevo país es excelente: tierra fértil, vientos suaves, agua potable fresca, fruta abundante, una población gentil e inofensiva. Quienquiera que en los años siguientes desembarca en el Brasil, repite las palabras encomiásticas de Américo Vespusio, quien, llegando a él, un año después de Cabral, exclama: "Si en alguna parte de la tierra existe el paraíso terrenal, no puede encontrarse, lejos de aquí."
Hemos transcrito solamente los trechos más importantes del relato de Zweig, debido al espacio y para no cansar al lector. Pero resulta muy atractivo leer el texto completo para darse una idea cabal de lo que el gran autor austríaco, habló de Brasil.
RÍO DE JANEIRO
"LA ENTRADA. Muy de madrugada, todos los pasajeros, llevando prismáticos y máquinas fotográficas, aguardaban con impaciencia, agospados a la borda; ninguno de ellos quiere dejar de ver la célebre entrada a Río de Janeiro, por más veces que la haya admirado. Pero todavía no ve sino el brillo del mar, azúl y metálico, como desde hace muchos días: monotonía sedante y que cansa. Y, sin embargo, sentimos que nos aproximamos a la costa; respiramos la tierra cercana antes de verla, pues el aire se torna de repente húmero y suave, acariiándonos la boca y las manos, y un perfume misterioso llega hasta nosotros inverceptiblemente; perfume preparado en el fondo de la inmensa selva con el hálito de las plantas y la humedad de los cálices, esas indescriptibles exhalaciones de las regiones tropicales, cálidas, bochornosas y en fermentación, que nos embriagan y nos cansan de un modo delicioso.
Ahora, por fin, una silueta a los lejos: en lontananza una cadena de montañas perfísale vagamente, como unas nubes, sobre el cielo límpido y, en la nedida que el vapor se va aproximando, los brazos abiertos protege la bahía de Guanabara, una de las más grandes del mundo. Esta bahía, con sus muchos recodos y promontorios, es tan ancha y tan ensenada que todas las embarcaciones de todas las naciones cabrían en ella, una junto a otr, y en el interior de esta gigantesca concha abierta, hállanse diseminadas, cual perlas, numerosísimas islas, cada una de las cuales es de forma y de color distintos. Unas emergen grises y uniformes del mar de color amanista; vistas de lejos, semejan unas ballenas por la desnudez y la tersura de sus lomos. Otras son de forma oblonga, pedregosas y cubiertas de tubérculos como la piel del cocodrilo; otras están pobladas; otras convertidas en fortalezas; y otras parecidas a unos jardines flotantes con palmeras y vegetales; y mientras admiramos con curiosidad, a través de unos prismáticos, la insospechada multiplicidad de sus formas, cobran plasticidad las montañas del fondo, cada una de ellas, también, de figura peculiar..."

La extraordinaria belleza de un país recién descubierto...
Allí están los montes: uno , sin árboles; otro, cubierto de una envoltura de verdes palmeras; otro, peñascoso; y otro ceñido con un resplanceciente cinturón de casas y jardines, como si la naturaleza, escultora atrevida, hubiera tratado de colocar, una al lado de otra, todas las formas existentes en este mundo, y por eso la fantasía popular dio nombres de este mundo a las figuras pétreas y montañosas -la Viuda, el Corcovado, los Dedos de Dios -, llamando Pan de Azúcar a la más sobresaliente de ellas, la que se eleva frente a la ciudad con repentino empinamiento, cual estatua de la Libertad a la entrada de Nueva York, como símbolo antiquísimo e inamovible de la ciudad. Mas a todos esos monolitos y montes les denomida el Corcovado, el jefe de la tribu de gigantes, que alza sobre Río de Janeiro una cruz gigantesca (que de noche se ilumina con luz eléctrica) para la bendición, como un sacerdote alza la Custodia sobre un grupo de gente arrodillada."
!Ah, conocer Río y deliciarse en sus playas, amigos, es una verdadera experiencia indescriptible! Su alegre y expansiva gente que te hace sentir como en familia; sus mujeres esculturales y bellas; su horizonte azulado y admirable; el intenso calor en verano y el soportable en invierno, te hacen sentir como en un verdadero paraíso, poblado de mil colores.
Varias veces estuve en Río y me contagié con la alegría y el calor humano de los brasileños. Contemplé, casi extasiado, los interminables desfiles de escuelas de samba durante tres días con sus largas noches; pasé el Reveliâo o Año Nuevo en la famosa playa de Copacabana, y saboreé la deliciosa caipirinha, bebida típica, semejante al pisco souer de mi tierra.
!Verdaderas experiencias inolvidables!
En la próxima semana, terminaremos de transcribir el artículo de nuestro autor escogido: STEFAN SWAIG, sobre Brasil.
Los espero y, como siempre, les reitero mis agradecimientos por visitar esta página, en la cual ustedes encontrarán cada semana, algo nuevo y de su interés. Pues para ustedes está diritido este espacio.
Comunícate: fsoto94@hotmaio.com Abrazos._____________




Leia este blog no seu celular