Blog do Prof. FABIO: ESPAÑOL - PORTUGUÉS


11.08.2009


En Español      LITERATURA UNIVERSAL I

                                 OBRAS CLÁSICAS

Vamos a comenzar hoy a recordar a nuestros lectores sobre las grandes obras literarias de famosos autores que están en nuestro recuerdo.

Autores como:  Homero, Esquilo, Sófocles, Virgilio, Dante, Goethe, Shakespeare, Cervantes, Lope de Vega y muchos más.

Vamos a recordar hoy a "EDIPO, REY", de Sófocles.

SÓFOCLES fue un autor trágico griego, seguidor de Esquilo, otro gran autor de la misma nacionaldad. Su fama es unversal y junto con Eurípides, formó el trío de escritores trágicos griegos más extraordinario de la Historia.  Escribió "Edipo, rey", "Electra", "Edipo en Colona" y otras.

Hoy vamos a ocuparnos de "EDIPO , REY".

Personajes: 

- Layo, rey de Tebas y esposo de Yocasta.

- Yocasta, esposa de Layo y madre de Edipo.

- Edipo, hijo de Layo y al mismo tiempo, esposo de Yocasta.

- Creonte, hermano de Yocasta y cuñado de Edipo.

- Tiresias, ciego vidente (adivino).

- Polibio y Mérope, reyes de Corinto.

- Delfos, ciudad del Oráculo de consulta.

Argumento. La obra trata del cumplimiento del oráculo, según el cual Edipo mataría a su padre y se casaría con su madre. Los personajes hacen todo lo posible por evitar el cumplimiento de este designio de los dioses, pero todo es inútil.  Lo que el autor quiere indicar es que ante la voluntad de los dioses, el hombre no puede hacer nada.

El argumento es el siguiente:

"Asolada (destruída) por una terrible epidemia, la ciudad de Tebas, acude, representada por un Sacerdote y por el Coro, a solicitar amparo y remedio de su querido rey Edipo. Èste, identificado con las desventuras del pueblo, anuncia que ha enviado a Delfos, a CREONTE, su cuñado, para interrogar al oráculo respecto a lo que conviene hacer, y que espera, de un momento a otro, el regreso del consultante. 

En efecto, no tarda en llegar Creonte y publicar que la respuesta de Apolo fue, para que librase Tebas de sus calamidades, deberían ser buscados los homicidas del rey anterior, LAYO, castigándolos con la muerte o con el destierro.

Edipo, que se había casado con YOCASTA, viuda del rey Layo y hermana de Creonte, no conoció a su antecesor y pide que le faciliten detalles del asesinato del que se trata. Es informado que Layio pereció (murió) en el camino de Delfos en manos de unos ladrones, cuando de allí regresaba, según declaró entonces el único sobreviviente de los hombres que formaban la escolta. Resuelto a cumplir el mandato de Apolo, arenga (pide) Edipo al pueblo para que coadyuve (colabore) a la busca de los culpables, fulminando tremendas imprecaciones (amenazas) y maldiciones contra ellos y contra quienes los amparen u oculten.

Hace luego el rey venir a su presencia al viejo adivinador TIRESIAS, para que salve de la ruina a la ciudad ayudando con su ciencia a descubrir al homicida.  Pero Tiresias se niega tercamente (teimosamente) a mezclarse en aquel asunto; y sólo cuando se ve menospreciado y hasta insultado por Edipo, se encara (enfrenta) con él, le acusa de ser el asesino de Layo y le predice espantosas desventuras para aquel mismo día.

El atónito e indignado rey deja partir al adivino, cuyas palabras originan confusión en el Coro ( cantores o recitadores en la dramaturgia griega), y al ver llegar a Creonte, le reprocha por haberse puesto de acuerdo con Tiresias para desacreditarlo ante el pueblo. Se suscita un altercado (discusión) entre ambos cuñados, al que pone fin Yocasta, cuando se presenta para averiguar el motivo de la discusión.

Edipo la interroga minuciosamente respecto al asesinato de su primer marido; y, relacionando los datos que ella recuerda con los que él conoce y los que agrega un mensajero llegado de Corinto para anunciar la muerte del rey POLIBIO, se viene a integrar la siguiente historia:

    Un oráculo predijo al rey Layo que su destino era morir en manos de un hijo que tendría de su mujer, Yocasta; y para evitar que se cumpliera la funesta predicción, a los tres días de nacer el niño que engendraron (procrearon), lo pusieron en manos de un esclavo fiel para que le atravesara los pies y le abandonase en un bosque intransitado. Pero el esclavo, que era pastor de los ganados del rey, le dio lástima la criatura y, encontrándose en las solitarias quebradas del Citerón con un compañero de otras tierras, quie apacentaba allí sus rebaños (bueyes, ovejas), le confió al niño, herido ya en los pies, para que lo criase en su país.

Los señores del pastor que recibió al infante eran los reyes de Corinto, POLIBIO y MÉROPE, que vivían apenados por no tener hijos; y su servidor, pensando en agradarles, les llevó el niño, al cual, efectivamente, acogieron con mucha alegría y lo criaron y educaron como si fuera su legítimo descendiente.

Siendo ya joven, le dijo un beodo (borracho, bébado) en un festín que no era verdadero hijo de los que tenía por padres; y aunque al interrogar a éstos al siguiente día, se mostraron indignados contra el que emitió tal ultraje, el mancebo (joven) quedó tan preocupado, que acabó por abandonar la ciudad secretamente y marchar a Delfos para consultar al oráculo.

Éste se negó a contestar (responder) a sus preguntas y, en cambio, le vaticinó (anunció) que matería a su padre, que se casaría con su madre y que daría inicio a una raza odiosa al género humano.  Enloquecido, huyó de Corinto y de sus proximidades y anduvo errante, lejos de aquella tierra, para evitar el cumplimenito de las atrocidades vaticinadas por el oráculo.

Y un día, encontrándose el joven errabundo en la Fócida, cerca del lugar que se cruzaba con otros el camino de Delfos, estuvo a punto de ser atropellado por el coche  en que viajaba un hombre entrado en años (viejo), escoltado por un heraldo y dos servidores.  Viéndose agredido por el viajero y su escolta, se apresuró a defenderse lleno de cólera, y, con el bastón que llevaba  mató a sus agresores y a los hombres que lo acompañaban, de los cuales sólo escapó uno, que emprendió la fuga, y después contó la historia.

 El infeliz y consternado Edipo, al persuadirse de que aquella historia era la suya, puesto que él fue el niño abandonado por Layo con los pies heridos, criado luego por Polibio, y que, por consiguiente, sin poder sospechar sus crímenes, había matado a su padre, se había casado con su madre y había engendrado cuatro hijas, en el mismo seno (vientre) que él fue engendrado, prorrumpe (rompe) en lastimeros ayes (lamentos) e imponentes lamentaciones; se maldice a sí mismo, considerándose el más miserable de los hombres, y sobrecoge (causa dolor) con sus dolorosos clamores el ánimo de todos los que lo escuchan.

La desventurada Yocasta, enloquecida por el horror, entra en su morada arrancándose los cabellos; se arroja sollozante en el mancillado (deshonrado) lecho conyugal (cama de esposos), se levanta de nuevo para correr transtornada por la cámara (dormitorio), y termina por estrangularse con sus propias trenzas (tranças de cabelos).

Al encontrar el desventurado Edipo el cadáver de Yocasta, le arranca los broches de oro que sujetaban el manto y se hiere con ellos en los ojos cruelmente hasta quedar ciego.  Se despide luego de sus hijas con patéticas frases, se las confía a Creonte que le va a suceder en el trono y le ruega que lo expulse de aquella tierra.

De esa manera se cumple la sentencia que él mismo fulminó contra el asesino de Layo (su padre) cuando aún ignoraba quién era él.

Creonte le responde que se hará lo que dispongan los dioses, y así termina la impresionantiei y grandiosa tragedia de Sófocles".

                         Fuente:  Literatura Universal e Hispanoamericana, de Wálter Fernández Meléndez, Editorial SAN MARCOS, Lima-Perú.

                _______________

Fragmento de la obra

"Edipo.  !Oh, riquezas, oh poderío! !Oh, espíritu superior a los otros espíritus!  !Cuán expuesto a los golpes de la envidia se encuentra el hombre de pose!  Envidioso del poder que Tebas me otorgó sin que yo lo solicitase, Creonte, el fiel Creonte, mi amigo de antes, conspira contra mí secretamente y arden en deseos de derribarme del trono.  Para ello ha sobornado a este profeta, a este astuto charlatán, clarividente, cuando le interesa y ciego en su arte para todo lo que no sea ganancia.

   Pues dime, en qué ocasión fuiste hábil, adivino?  Por qué cuando la perra te proponía sus enigmas, lo indicaste a los tebanos algún medio para librarse de ella?  !Y, sin embargo, para adivinarlos, no era suficiente un hombre cualquiera; se necesitaba poseer el arte del divino; es evidente, pues, que no lo tuviste entonces y nada te revelaron ni las avces ni los dioses; pero aparecí yio, Edipo, ignorante moral, y vencí al monstruo con sólo la fuerza de mi razón, sin ayuda de las aves; y es a mí a quien quieres expulsar, para poner en el trono a Creonte y compartir con él su poder!  Tanto tú como tu cómplice, tendréis que arrepentiros de vuestro proyecto de purificar la ciudad; si no respetesa tu vez, el merecido castigo abatiría tu orgullo.

El corifeo. Testigos de lo que habláis, Edipo, creemos que tanto sus palabras como las tuyas parecen inspiradas por la cólera.  No es esto lo que necesita, sino considerar de qué modo podemos conformarnos, lo mejor posible, a la voluntad de los dioses.

Tiresias.  Rey y todo como eres, iguales somos y puedo responderte porque yo también tengo mi reino.  No soy esclavo tuyo, sino de Loxias, ni Creonte me protege, ni soy de aquellos que dependen de él.  Y te digo que insultas mi ceguera.  Tú no tienes ojos, no ves la desgracia en que has caído, ni la morada que habitas, ni aquellos con quien vives... 

   No sabes aún los restantes males que caerán sobre ti y sobre tus hijos. Ahora puedes consultar a Creonte la boca que te  habla.  Jamás el infortunio habrá caído tan cruelmente en un mortal.

Edipo.  Cómo soporto semejantes palabras de boca de este hombre?  Maldito seas! No te quitarás de mi vista?  No te alejarán, por fin, de este espacio?

Tiresias. (disponiéndose a partir) Estoy loco, según crees, pero tus padres me juzgarían cuerdo!

Edipo.  Qué padres?  !Detente!  A quién debo la vida?

Tiresias. Este día será el de tu nacimiento y el de tu muerte.

Edipo. Todo cuanto dices es oscuro y enigmático.

Tiresias. No te dio la Naturaleza la habilidad para  descifrar el misterio?

Edipo. !Repróchame una acción que te da la prueba de mi grandeza!

Tiresias. Ese triunfo es, precisaamente, lo que te ha perdido.

Edipo. Mas, si salvo a la ciudad, qué importa?

Tiresias. Ya me marcho. (A su guía) Condúceme, hijo mío.

Edipo. Sí, guíale, márchate, pues tu presencia me importuna y me embaraza; una vez lejos de aquí, no me harás sufrir más.

Tiresias. Me iré, pero después que haya dicho, sin temor a tus amenazs, para qué he venido; aunque quieras, no tines poder para perderme. Sí, yo lo declaro, el hombre a quien buscas tanto tiempo, profiriendo amenazas y proclamando edictor sobre la muerte de Layo, está aquí; pasa por extranjero, pero bien pronto se verá quie es tebano de nacimiento; yo te aseguro que no se alegrará de ello, pues de vidente se tornará ciego; de rico, pobre; obligado se verá a marchar a tierra extraña, buscando a tientas el camino, con un bastón en la mano.  Todos sabrán que es, al mismo tiempo, padre y hermano de sus propios hijos, hijo y esposo de la mujer que le dio la vida, asesino y sucesor de su padre.

Entra ahora en tu palacio, medita estas palabras, y cuando te convenzas de que he mentido, podrás decir que practico mi arte insensatamente..."

(Luego que Edipo y Tiresias abandonan la escena, el Coro ejecuta un canto lírico que comprende dos pares de estrofas.  Expresa el horror que le inspira el culpable desconocido, al cual se imagina errando (vagando) "por los bosques salvajes, entre los antros y peñascos, como un toro; el miserable, con inseguro paso, recorre la soledad; huye ante el oráculo brotado del centro de la tierra, pero éste, vivo, no cesa de revolotear a su alrededor")

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Espero, amigos lectores, que el recuerdo les haya traído a la mente a este autor y a esta famosa obra  de la literatura universal.  

En las próximas semanas continuaremos ofreciéndoles los resúmenes y argumentos de otras obras maestras de la literatura.  

Me gustaría, como siempre, saber de sus opiniones y conocer algunas sugerencias que ustedes puedan ofrecerme para hacer más amena y atractiva esta página semanal nuestra.

Por ahora, nos despedimos, no sin antes pedirles que se comuniquen conmigo.  Una buena semana para todos ustedes.  Abrazos.

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Escrito por Fabio Soto Caján às 11h16
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